En el mismo instante en el que los medios de comunicación se rindieron ante los grandes intereses económicos, dejaron de practicar el periodismo. La responsabilidad de satisfacer nuestro derecho a una información veraz había quedado en manos de empresas privadas que, con la excusa de la obtención de beneficios, implantaron un modelo de negocio basado en la guerra de audiencias y el denominado infotainment. Este último elemento supone una manera mucho más fácil y barata de llenar la programación con contenidos que carecen de relevancia y rigor informativo pero que, no por ello, dejan de atraer significativamente a la audiencia. Así, al entender el periodismo como una forma de entretenimiento en masa, se acaba de raíz con la información de calidad mientras se van inyectando dosis insoportables de espectáculo en la opinión pública.
No alcanzo a entender como ese noble oficio que debía vigilar a los poderosos y transmitir a la opinión púbica la veracidad de los acontecimientos, al final, haya podido ser suplantado por la nariz de Belén Esteban. Ante tal vacío de contenidos, los emisores utilizan las audiencias para explicar los contenidos de su mensaje y los receptores, por su parte, critican la homogeneidad del producto para justificar su consumo irresponsable. O como diría mi abuela, por unos o por otros, la casa sin barrer.
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domingo, 23 de mayo de 2010
El periodismo ha muerto
Con letra grande
capitalismo,
libertad de prensa,
medios de comunicación,
periodismo,
televisión
viernes, 8 de mayo de 2009
Lógica mediática
Además de formar, informar, entretener y/o adormecer, el periodismo también se encarga de orientar a la opinión pública. Y por esta función social, necesaria para establecer el diálogo público, los medios de comunicación se intentan manipular, controlar y censurar.
Con letra grande
censura,
medios de comunicación,
opinión pública,
periodismo
viernes, 17 de abril de 2009
God save the TV
Igual que Nietzsche mató a Dios, otros están empeñados ahora en matar a la televisión… ¡Pobrecita ella, de reina de la casa a caja tonta por culpa del ordenador!
Está a punto de llegar un futuro (acaba de doblar la esquina) en el que no sólo los periódicos se convertirán en objeto de deseo por parte de coleccionistas enfermizos. Así, un buen número de artilugios, que actualmente son imprescindibles para la rutina consumista y cosmopolita, serán antiguallas inservibles el día que nuestra mirada quede atrapada, para siempre, ante una pantalla (táctil a ser posible).

En cuanto al periodismo, ¿sobrevivirán el directo y las agencias de imágenes? Aquí hay lugar para la esperanza porque ver un acontecimiento en vivo tiene un valor añadido para el espectador: la ilusión de formar parte de la historia justo cuando se está escribiendo (aunque no halla nadie que le explique la intrahistoria del mismo). No obstante, las previsiones para la televisión de continuidad y la radio como hasta ahora la entendíamos dejan cielos nublados con posibilidad de tormenta.
Se acabó la dictadura impuesta por las cadenas a base de programaciones y sobredosis de publicidad. Los anuncios no volverán a joderte la película porque gracias a Internet ya puedes ver y oír lo que quieras en el momento que quieras.
Está a punto de llegar un futuro (acaba de doblar la esquina) en el que no sólo los periódicos se convertirán en objeto de deseo por parte de coleccionistas enfermizos. Así, un buen número de artilugios, que actualmente son imprescindibles para la rutina consumista y cosmopolita, serán antiguallas inservibles el día que nuestra mirada quede atrapada, para siempre, ante una pantalla (táctil a ser posible).
En cuanto al periodismo, ¿sobrevivirán el directo y las agencias de imágenes? Aquí hay lugar para la esperanza porque ver un acontecimiento en vivo tiene un valor añadido para el espectador: la ilusión de formar parte de la historia justo cuando se está escribiendo (aunque no halla nadie que le explique la intrahistoria del mismo). No obstante, las previsiones para la televisión de continuidad y la radio como hasta ahora la entendíamos dejan cielos nublados con posibilidad de tormenta.
Se acabó la dictadura impuesta por las cadenas a base de programaciones y sobredosis de publicidad. Los anuncios no volverán a joderte la película porque gracias a Internet ya puedes ver y oír lo que quieras en el momento que quieras.
Con letra grande
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jueves, 12 de marzo de 2009
Facultad de Ciencias de la Información: la cara oculta

Si preguntas, aún te dirán que la mejor Facultad de Periodismo, Comunicación Audiovisual y Publicidad de España está en la Universidad Complutense de Madrid. A pesar de tanto pedigrí, la Asamblea de Ciencias de la Información, un órgano constituido por universitarios, tiene algo más que decir sobre la cara oculta de esta facultad, que debería ser tan insigne como pública. Hechos ocurridos en los últimos meses:
1.Cierre de la videoteca durante el turno de tarde por falta de personal. Este servicio es imprescindible en muchas asignaturas.
2.Falta de personal en los platós: imposibilidad para realizar prácticas, colapso de rodajes…
3.Cierre de las aulas de informática durante el turno de tarde por falta de personal. Privan la utilización de instalaciones y material públicos.
4.Obras durante el curso que suponen, por ejemplo, ruidos, cortes de luz y accidentes laborales (descarga eléctrica) de obreros que operan en precarias condiciones.
5.Consecuencia de las obras, cierre de servicios básicos como la Biblioteca o Reprografía (sala donde venden apuntes y programas de las asignaturas, que tienen en PDF pero que no están disponibles en la red o el Campus Virtual como sería lógico, sino en papel y a cambio de dinero, tras una espera interminable), incluso, en época de exámenes.
6.Cierre de Radio Complutense, sin explicación oficial, aunque hasta la fecha tampoco fue un servicio para todos los alumnos.
7.Censura de un blog y posterior traslado forzoso e injustificado de su autora, Mercedes D. S., que trabajaba desde hacía varios años en esta facultad.
Habría que añadir:
a)El exagerado número de profesores que ejercen de todo menos la docencia en las aulas. Incompetentes al amparo de la libertad de cátedra.
b)Confusión, reiteración y desfase generacional de los contenidos de la carrera.
c)La no existencia de créditos prácticos.
d)Cobros y más cobros de trámites y créditos, incluso los que te convalidan por haber sido un esclavo en prácticas para una empresa privada.
e)Erasmus = 2 pagas, a final de año y a final de curso, que no llegan a los 200 euros cada una… La movilidad sale cara, más si es europea.
f)¿Becas?
g)…
El temido Plan Bolonia se aproxima pero, ¿en el resto de Europa saben lo que se cuece en algunas universidades españolas?
domingo, 8 de febrero de 2009
El millón de ejemplares
A principios del siglo XX, los grandes periódicos de Europa y Estados Unidos superaron la histórica tirada del millón de ejemplares. De repente (en realidad no tanto, antes tuvieron que darse condicionantes como la industrialización, la alfabetización en masa y la educación obligatoria, la secularización de la sociedad, los avances tecnológicos como los cables submarinos, que alumbraron las agencias informativas o el fin del control gubernamental sobre los periodistas), pues, no tan de repente, la prensa de grandes tiradas se había convertido en un negocio muy lucrativo e influyente. Los medios de comunicación se habían constituido como centrales de pensamiento y opinión. Se estaba levantando un gigante, la empresa informativa, con una fuerza real en la sociedad capitalista capaz de mover millones de voluntades hacia un mismo destino. En seguida, todos los que tenían un especial interés en decir esto o aquello, se dieron cuenta de que la prensa era un arma peligrosa...
Pocos años después del millón de ejemplares, empezaron a surgir voces (Peterson y la Teoría de la Responsabilidad Social, Rivers y Schramm, entre otros), que elevaban una crítica feroz contra este “nuevo periodismo”. Estos autores acusaban a los medios de comunicación (de masas) de divulgar opiniones particulares, de servir a los grandes intereses económicos, de resistirse al cambio social, de invadir, sin justificación, la privacidad de los individuos, de prestar más atención a lo superficial y sensacionalista que a lo significativo y, sobre todo, de estar controlados por la clase dirigente. Con ello, pusieron en peligro el derecho de los ciudadanos a recibir una información veraz y descuidaron su tarea de controlar a los poderes públicos. Actualmente, cuando queda tan lejos la Edad de Oro del periodismo, esta crítica parece seguir siendo válida.
Pocos años después del millón de ejemplares, empezaron a surgir voces (Peterson y la Teoría de la Responsabilidad Social, Rivers y Schramm, entre otros), que elevaban una crítica feroz contra este “nuevo periodismo”. Estos autores acusaban a los medios de comunicación (de masas) de divulgar opiniones particulares, de servir a los grandes intereses económicos, de resistirse al cambio social, de invadir, sin justificación, la privacidad de los individuos, de prestar más atención a lo superficial y sensacionalista que a lo significativo y, sobre todo, de estar controlados por la clase dirigente. Con ello, pusieron en peligro el derecho de los ciudadanos a recibir una información veraz y descuidaron su tarea de controlar a los poderes públicos. Actualmente, cuando queda tan lejos la Edad de Oro del periodismo, esta crítica parece seguir siendo válida.
Con letra grande
Estados Unidos,
Europa,
libertad de prensa,
opinión pública,
periodismo
domingo, 24 de agosto de 2008
Las noticias vuelan
No me creo lo que veo. Ni lo que leo. Se supone que la televisión o el periódico dicen la verdad, porque ese es su trabajo. Entonces, ¿qué me pasa doctor? El diagnóstico no se hace esperar: usted ha perdido la fe en los medios de comunicación.
No es que el telediario parezca un efecto de mi imaginación, en realidad, me entran sudores fríos con la narración del presentador al pensar: ¡qué se estarán callando! ¿Por qué no nos cuentan lo que en realidad ocurre? La próxima vez que alguien me mande callar cuando salgan las noticias por la televisión, lanzaré hortalizas contra la pantalla como cuando al público no le gustaba la farsa.
No es que el telediario parezca un efecto de mi imaginación, en realidad, me entran sudores fríos con la narración del presentador al pensar: ¡qué se estarán callando! ¿Por qué no nos cuentan lo que en realidad ocurre? La próxima vez que alguien me mande callar cuando salgan las noticias por la televisión, lanzaré hortalizas contra la pantalla como cuando al público no le gustaba la farsa.
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