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martes, 23 de marzo de 2010

El saco del monstruo

De nuevo, vuelven a verse las caras esas dos Españas que tantas ganas se tienen. La película esta vez no va de romanos sino de abortos, un subgénero gore en auge. La Iglesia, ya sabemos, no va mucho al cine y tampoco usa condón ni ningún otro método anticonceptivo porque, ya se sabe, esas armas las carga el diablo.

Lo que si* usa son todos sus posibles para que la gente no aborte, aunque hayas sido tú la que se ha quedado embarazada. A tortas están (y no es para menos) estas dos Españas que no quedan para tomar café desde que vieron pasar a la carroza Provida en la Cabalgata de Reyes de Madrid. Los antiabortistas también tomaron las calles con manifestaciones y ahora la Iglesia quiere copar las redes sociales con una campaña para labrarse la conciencia de los jóvenes.

Es como si el monstruo del saco atacase de nuevo. Pero lo preocupante del caso, a mi juicio, no es que la catequesis acabe convirtiéndose en un curso por correo electrónico o que el número de pervertidos en Internet pueda multiplicarse exponencialmente. Lo mas inquietante de todo esto son los propios curas navegando por la red, repartiendo su messenger entre los feligreses, abriendo perfiles y visitando chats a destajo para ¡sabe Dios que!

*La tecla de la tilde dice que se ha ido a misa pero yo se que se va de putos y luego al bingo.

jueves, 19 de febrero de 2009

Una calle Obra de Dios

Zaragoza tendrá* una calle con el nombre de Jose María Escrivá (de Balaguer) Alvás, el santo y fundador de la secta Opus Dei (Obra de Dios). Así lo ha querido el alcalde de esta ciudad, al que le ha dado por mear encima de su propio partido, el PSOE, y de paso salpicar a la Ley de Memoria Histórica. "El aragonés más importante de la segunda mitad del siglo XX y de mayor proyección internacional, exceptuando a Luis Buñuel", ese es Escrivá para Juan Alberto Belloch que, de haber sido Papa, también le habría turbosantificado como Juan Pablo II.
Los inicios del Opus Dei están en Madrid. Aquí llegó Escrivá en tiempos de la II República como sacerdote y abrió la academia DYA (Derecho y Arquitectura), una tapadera para el adoctrinamiento cristiano. Incluso, consiguió que sus alumnos y primeros seguidores comulgaran con el masoquismo de las “mortificaciones” a base de cilicios en los muslos y latigazos en las nalgas.
Con el estallido de la Guerra Civil logró huir a Burgos, donde Franco había instalado la capital de los sublevados. “Escrivá regresa a Madrid el 28 de abril de 1939, en un camión militar, junto con las tropas franquistas que ocuparon ese mismo día la ciudad. En 1940 (...) le concedieron el cargo de miembro del Consejo Nacional de Educación y el puesto de profesor de Ética y Deontología en la Escuela Oficial de Periodismo.” (Wikipedia).
Pero en Madrid poco podía hacer por la expansión e internacionalización del Opus, así que se trasladó a Roma concluida la II Guerra Mundial. Del Vaticano llegó al resto del mundo (el Opus actualmente suma unos 80.000 miembros) con un mensaje que incluía la pasión por la obediencia, el amor al dolor y al sufrimiento (castigo moral y físico autoinflingido), sin olvidar la subordinación de la mujer al varón.



*El alcalde de Zaragoza ha rectificado...
http://www.heraldo.es/index.php/mod.noticias/mem.detalle/idnoticia.39409/relcategoria.305//

sábado, 10 de enero de 2009

¿Por qué no cambiamos lo que no funciona?

El sistema monetario, creado por los grandes bancos internacionales, nos ha condenado a un materialismo intelectual que nos consume (pudre) desde dentro. Es un sistema que agota la esperanza de los seres humanos como raza y, con ella, agota también el mundo que habitamos. Hemos basado nuestra sociedad en la naturaleza humana más primaria y nos hemos olvidado del comportamiento, también humano, ético y decente. Somos competitivos hasta cruzar los límites de la corrupción y la mentira y, sobre estas líneas, hemos construido una sociedad de la que nos vanagloriamos tontamente. Hemos expulsado la confianza de nuestras relaciones sociales y en su lugar hemos implantado un extraño concepto de seguridad. La misma seguridad que resta derechos civiles y que malgasta recursos, que podrían dedicarse a resolver verdaderos problemas como el hambre, la pobreza o la enfermedad. Nos olvidamos de lo relevante porque nos enseñan a no cuestionar nada. Con ello, intercambiamos nuestro pensamiento crítico por más seguridad, la que proporciona un puesto de trabajo que asegure el dinero necesario para costearnos un estilo de vida. Es la esclavitud moderna, la esclavitud económica que genera el dinero. Y es algo incomprensible porque disponemos de la tecnología necesaria para automatizar múltiples procesos de producción, liberando así a la mano de obra y desterrando para siempre el dinero de nuestras vidas.
Pero preferimos malgastar nuestros esfuerzos y recursos en guerras, en destruir hasta lo más preciado e irremplazable: la vida y el medio ambiente. Para la puesta a punto de la bomba atómica, por ejemplo, Estados Unidos financió con un presupuesto sin límites a miles de científicos. ¿Qué hubiera pasado si, en lugar de encargarles un arma de destrucción masiva, les encomiendan desarrollar armas de crecimiento masivo? ¿Cómo sería el mundo ahora si ese grupo de profesionales hubiese recibido el cometido de construir una sociedad sostenible? Quizá, hoy, seríamos genuinamente libres e iguales, libres de la esclavitud del trabajo, de enfermedades, de la contaminación, de los accidentes de tráfico… Quizá, hubiéramos llegado a un mundo sin guerras, sin supuestos problemas de escasez y sin distinciones sociales.
Queda una solución. La más simple de todas: cambiar lo que no funciona. Hay que sustituir el sistema monetario vigente por una economía de recursos a escala global. El sistema monetario está basado en el dinero y la deuda, y fue fruto de un contexto histórico determinado. Este contexto ha quedado obsoleto y superado por la tecnología disponible, que es capaz de aportar la solución a los grandes problemas de nuestro tiempo: abastecimiento, energías renovables y no contaminantes, transporte eficiente… incluso la medicina se está beneficiando de la nanotecnología, sin olvidar el fin de la esclavitud moderna y de enfermedades endémicas como el hambre o la pobreza.
Ahora es el momento de cambiar, de pedirle a la clase científica que diseñe una sociedad mejor. La presente sólo sirve para perpetuar la guerra, la pobreza y la estratificación social, y con ellas el engaño masivo. No hay que olvidar que estos elementos existen por una única razón: porque son imprescindibles para la supervivencia de una élite (bancos), que corrompe todas las instituciones sociales (políticos, militares, la industria y la justicia, la enseñanza y la cultura…) con el único objetivo de mantener el status quo. Esto por no considerar que, la meta de esta siniestra élite, es completar la globalización hasta consolidar una dictadura mundial.
Desde la religión, comienza un mensaje que nos manipula hasta volvernos dóciles y sumisos ante una idea jerárquica del poder. Por su parte, la educación sólo produce individuos capaces de ocupar un puesto de trabajo, pero incapaces de desarrollar un pensamiento crítico. Todo está diseñado para que nadie cuestione el orden de las cosas, aunque se llegue a la conclusión de que ese orden es incorrecto. En el mercado laboral, sin ir más lejos, asumimos con naturalidad la competencia con nuestros semejantes y, en el mundo empresarial o de la política, esa misma competencia no titubea a la hora de traspasar los límites de la corrupción. Hasta los medios de comunicación sirven para aterrorizar a la sociedad de consumo, que reacciona como se espera: consumiendo hasta ridiculizar los conceptos imposible e innecesario. Nos tragamos lo que sea con tal de poder seguir comprando cosas, desde bienes y servicios hasta diversión, que también está a la venta.
Una vez más, olvidamos o nos hacen olvidar lo relevante.

*Los posos que dejó Zeitgeist