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domingo, 23 de mayo de 2010

El periodismo ha muerto

En el mismo instante en el que los medios de comunicación se rindieron ante los grandes intereses económicos, dejaron de practicar el periodismo. La responsabilidad de satisfacer nuestro derecho a una información veraz había quedado en manos de empresas privadas que, con la excusa de la obtención de beneficios, implantaron un modelo de negocio basado en la guerra de audiencias y el denominado infotainment. Este último elemento supone una manera mucho más fácil y barata de llenar la programación con contenidos que carecen de relevancia y rigor informativo pero que, no por ello, dejan de atraer significativamente a la audiencia. Así, al entender el periodismo como una forma de entretenimiento en masa, se acaba de raíz con la información de calidad mientras se van inyectando dosis insoportables de espectáculo en la opinión pública.
No alcanzo a entender como ese noble oficio que debía vigilar a los poderosos y transmitir a la opinión púbica la veracidad de los acontecimientos, al final, haya podido ser suplantado por la nariz de Belén Esteban. Ante tal vacío de contenidos, los emisores utilizan las audiencias para explicar los contenidos de su mensaje y los receptores, por su parte, critican la homogeneidad del producto para justificar su consumo irresponsable. O como diría mi abuela, por unos o por otros, la casa sin barrer.

miércoles, 22 de abril de 2009

El cuarto poder


El político irlandés Edmund Burke (1729/97) fue el primero que calificó a la prensa como “el cuarto poder”. Lo hizo cuando los periodistas dejaron de tener prohibida la entrada en el Parlamento inglés y ocuparon, se supone, la cuarta tribuna. Esta prohibición se había mantenido desde la República de Oliver Cromwell (periodo dictatorial de 1649 a 1659) hasta que se desató la polémica definitiva con la detención del editor del periódico London Evening Post en 1771, tras publicar una información confidencial del Parlamento. Al día siguiente, el resto de periódicos publicaron el mismo texto… Pero, si los periodistas ingleses tuvieron que luchar durante más de un siglo para poder entrar en el Parlamento, a sus vecinos franceses les hizo falta una revolución para poner fin a las licencias regias que controlaban las imprentas desde su invención. Otra batalla que el cuarto poder le tuvo que ganar a los gobernantes en la guerra por difundir la verdad.
Aunque resulte más reciente el tanto que se apuntó el periodismo contra el presidente de Estados Unidos Richard Nixon, más escandaloso fue el asalto al sector de la información protagonizado por del senador Joseph McCarthy, con su particular caza de brujas. Más reciente e insultante resulta la impunidad del asesinato del cámara español José Couso, cuando las tropas comandadas desde Washington atacaron un hotel en Irak donde se encontraba alojada parte de la prensa internacional que cubría la invasión. Más estremecedor es que 60 sea el número de periodistas asesinados durante el 2008 (REPORTEROS SIN FRONTERAS: http://www.blogger.com/%20http://www.rsf.org/article.php3?id_article=29805/).
Olvidamos que la libertad de prensa y opinión están igual de protegidas que otros derechos humanos como el de la vida. Esperamos demasiado al confiar en que los periodistas podrán ganar esta guerra en solitario.

domingo, 8 de febrero de 2009

El millón de ejemplares

A principios del siglo XX, los grandes periódicos de Europa y Estados Unidos superaron la histórica tirada del millón de ejemplares. De repente (en realidad no tanto, antes tuvieron que darse condicionantes como la industrialización, la alfabetización en masa y la educación obligatoria, la secularización de la sociedad, los avances tecnológicos como los cables submarinos, que alumbraron las agencias informativas o el fin del control gubernamental sobre los periodistas), pues, no tan de repente, la prensa de grandes tiradas se había convertido en un negocio muy lucrativo e influyente. Los medios de comunicación se habían constituido como centrales de pensamiento y opinión. Se estaba levantando un gigante, la empresa informativa, con una fuerza real en la sociedad capitalista capaz de mover millones de voluntades hacia un mismo destino. En seguida, todos los que tenían un especial interés en decir esto o aquello, se dieron cuenta de que la prensa era un arma peligrosa...
Pocos años después del millón de ejemplares, empezaron a surgir voces (Peterson y la Teoría de la Responsabilidad Social, Rivers y Schramm, entre otros), que elevaban una crítica feroz contra este “nuevo periodismo”. Estos autores acusaban a los medios de comunicación (de masas) de divulgar opiniones particulares, de servir a los grandes intereses económicos, de resistirse al cambio social, de invadir, sin justificación, la privacidad de los individuos, de prestar más atención a lo superficial y sensacionalista que a lo significativo y, sobre todo, de estar controlados por la clase dirigente. Con ello, pusieron en peligro el derecho de los ciudadanos a recibir una información veraz y descuidaron su tarea de controlar a los poderes públicos. Actualmente, cuando queda tan lejos la Edad de Oro del periodismo, esta crítica parece seguir siendo válida.