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martes, 13 de abril de 2010

¿Hay alguien ahí?


Alguien debería pasarse por La Moncloa para comprobar si quedan inquilinos o si han emigrado todos a Alemania en busca de trabajo. Me imagino La Moncloa como un lugar desértico, un palacio embargado en el que sólo queda un sillón de orejas al fondo donde está sentado Rubalcaba, que resuelve Sudokus.
¿Qué pasa con nuestra España? ¿Está paralizada por el pánico? Lo parece. Tenemos una de las peores cifras de paro de la eurozona: rozamos el 20% mientras Alemania o Gran Bretaña no alcanzan el 10%. Hay más porcentajes paralizantes: nuestro fraude fiscal representa el 25% del Producto Interior Bruto español; la tasa de paro juvenil ha pasado entre 2006 y 2009 del 17 al 42,9 % para así liderar el desempleo de los jóvenes europeos. Y otro dato que se nos olvida con facilidad: en el año 2006 se construyeron más casas en España que las construidas conjuntamente en Francia, Alemania e Inglaterra.
El discurso desde La Moncloa insiste en ser socialista: economía sostenible, cambiar el modelo económico, no recortar derechos sociales en tiempos de crisis, crear empleo estable, acabar con los paraísos fiscales… Pero las políticas que se aplican desde el mismo lugar no siguen ese discurso y están más cerca del centro-derecha. Es decir, en lugar de ser socialdemócratas, actúan como liberales: austeridad y contención del gasto público, subida generalizada del I.V.A y reducción del I.R.P.F para el sector de la construcción… Para colmo, quieren que costeen la crisis los pobres y/o trabajadores con el abaratamiento del despido y la bajada de pensiones, en lugar de los ricos con la reforma del sistema financiero o grabando un impuesto verde a los carburantes que emplean tanto los aviones privados como los yates de lujo (hoy del 0%).

Si te han quedado ganas de leer más: Las tres crisis. Ignacio Ramonet.

jueves, 19 de marzo de 2009

Erradicar el dinero

Los bancos crean el dinero, el mismo dinero con el que luego sellan los grilletes del bienestar, los mismos grilletes que nos encadenan a la esclavitud moderna. Todo lo que tiene de ciencia la economía actual se basa en un supuesto principio de escasez. Si los bienes, como la energía o los alimentos, fueran infinitos no haría falta el dinero como unidad de intercambio. La tecnología disponible (y la que vendrá) ofrece una llave para liberarnos del miedo a que todo se acabe, todo lo que ahora tiene un precio por ser escaso.

sábado, 10 de enero de 2009

¿Por qué no cambiamos lo que no funciona?

El sistema monetario, creado por los grandes bancos internacionales, nos ha condenado a un materialismo intelectual que nos consume (pudre) desde dentro. Es un sistema que agota la esperanza de los seres humanos como raza y, con ella, agota también el mundo que habitamos. Hemos basado nuestra sociedad en la naturaleza humana más primaria y nos hemos olvidado del comportamiento, también humano, ético y decente. Somos competitivos hasta cruzar los límites de la corrupción y la mentira y, sobre estas líneas, hemos construido una sociedad de la que nos vanagloriamos tontamente. Hemos expulsado la confianza de nuestras relaciones sociales y en su lugar hemos implantado un extraño concepto de seguridad. La misma seguridad que resta derechos civiles y que malgasta recursos, que podrían dedicarse a resolver verdaderos problemas como el hambre, la pobreza o la enfermedad. Nos olvidamos de lo relevante porque nos enseñan a no cuestionar nada. Con ello, intercambiamos nuestro pensamiento crítico por más seguridad, la que proporciona un puesto de trabajo que asegure el dinero necesario para costearnos un estilo de vida. Es la esclavitud moderna, la esclavitud económica que genera el dinero. Y es algo incomprensible porque disponemos de la tecnología necesaria para automatizar múltiples procesos de producción, liberando así a la mano de obra y desterrando para siempre el dinero de nuestras vidas.
Pero preferimos malgastar nuestros esfuerzos y recursos en guerras, en destruir hasta lo más preciado e irremplazable: la vida y el medio ambiente. Para la puesta a punto de la bomba atómica, por ejemplo, Estados Unidos financió con un presupuesto sin límites a miles de científicos. ¿Qué hubiera pasado si, en lugar de encargarles un arma de destrucción masiva, les encomiendan desarrollar armas de crecimiento masivo? ¿Cómo sería el mundo ahora si ese grupo de profesionales hubiese recibido el cometido de construir una sociedad sostenible? Quizá, hoy, seríamos genuinamente libres e iguales, libres de la esclavitud del trabajo, de enfermedades, de la contaminación, de los accidentes de tráfico… Quizá, hubiéramos llegado a un mundo sin guerras, sin supuestos problemas de escasez y sin distinciones sociales.
Queda una solución. La más simple de todas: cambiar lo que no funciona. Hay que sustituir el sistema monetario vigente por una economía de recursos a escala global. El sistema monetario está basado en el dinero y la deuda, y fue fruto de un contexto histórico determinado. Este contexto ha quedado obsoleto y superado por la tecnología disponible, que es capaz de aportar la solución a los grandes problemas de nuestro tiempo: abastecimiento, energías renovables y no contaminantes, transporte eficiente… incluso la medicina se está beneficiando de la nanotecnología, sin olvidar el fin de la esclavitud moderna y de enfermedades endémicas como el hambre o la pobreza.
Ahora es el momento de cambiar, de pedirle a la clase científica que diseñe una sociedad mejor. La presente sólo sirve para perpetuar la guerra, la pobreza y la estratificación social, y con ellas el engaño masivo. No hay que olvidar que estos elementos existen por una única razón: porque son imprescindibles para la supervivencia de una élite (bancos), que corrompe todas las instituciones sociales (políticos, militares, la industria y la justicia, la enseñanza y la cultura…) con el único objetivo de mantener el status quo. Esto por no considerar que, la meta de esta siniestra élite, es completar la globalización hasta consolidar una dictadura mundial.
Desde la religión, comienza un mensaje que nos manipula hasta volvernos dóciles y sumisos ante una idea jerárquica del poder. Por su parte, la educación sólo produce individuos capaces de ocupar un puesto de trabajo, pero incapaces de desarrollar un pensamiento crítico. Todo está diseñado para que nadie cuestione el orden de las cosas, aunque se llegue a la conclusión de que ese orden es incorrecto. En el mercado laboral, sin ir más lejos, asumimos con naturalidad la competencia con nuestros semejantes y, en el mundo empresarial o de la política, esa misma competencia no titubea a la hora de traspasar los límites de la corrupción. Hasta los medios de comunicación sirven para aterrorizar a la sociedad de consumo, que reacciona como se espera: consumiendo hasta ridiculizar los conceptos imposible e innecesario. Nos tragamos lo que sea con tal de poder seguir comprando cosas, desde bienes y servicios hasta diversión, que también está a la venta.
Una vez más, olvidamos o nos hacen olvidar lo relevante.

*Los posos que dejó Zeitgeist

jueves, 8 de enero de 2009

Zeitgeist: el documental que La2 nunca emitirá

Sus dos partes suman casi cuatro horas de emisión. Pero el documental vale este tiempo y las horas de reflexión que sobrevienen tras su visionado. Para resumir, Zeitgeist es un despertador de conciencias que no deja títere con cabeza.
La primera parte se dedica a desmontar el pensamiento religioso con una argumentación a prueba de fanáticos; también habla de lo que nadie se atreve a decir sobre el mito del 11S y no se olvida de desnudar a una sociedad enferma, sometida a la dictadura del dinero. El trabajo aparece como una nueva forma de esclavitud bajo el dominio de una élite, que se beneficia de las guerras y la pobreza.
Después de desmenuzar un sistema corrupto y que, como se ha podido comprobar con el paso del tiempo, no funciona, la alternativa que queda es sustituirlo. Aquí, el documental señala el camino por el que los seres humanos debemos seguir progresando. Los políticos no van a darnos las soluciones, no saben cómo hacerlo y sólo la tecnología podrá sacarnos del atolladero. También hay que romper con los grandes bancos, los malos de esta historia. Ellos crean el dinero a través de la deuda y con ese dinero financian (corrompen) a políticos, instituciones y corporaciones para emprender guerras y derrocar regímenes adversos, con el único objetivo de crear un gobierno (imperio) mundial.
Nuestro deber como ciudadanos libres del mundo es detenerles. Hay que hacerlo porque si el poder corrompe, el poder absoluto es corrupto por definición. Antes de que sea demasiado tarde, estará en nuestras manos cambiar, porque disponemos de las herramientas y los conocimientos necesarios para crear, entre todos, una sociedad equilibrada y sostenible. Sobre cómo hacerlo y sobre muchas otras cuestiones corrosivas habla un documental que ni La2 se atreve a emitir.

Más información en su página:
http://thezeitgeistmovement.com//



La siguiente grabación se trata de un documental.

Las autoridades sanitarias aconsejan verlo con ojo crítico.

Su uso indebido puede causar intoxicación informativa aguda, paranoia y/o estrés postraumático.



Parte I:



Parte II: